viernes, 10 de julio de 2009

“La Transformación del Mono en Hombre”




“La Transformación del Mono en Hombre”
Federico Engels

El trabajo es la condición básica y fundamental de toda vida humana. Y lo es en tal grado que, hasta cierto punto, debemos decir que el trabajo ha creado al propio hombre.
En el periodo terciario vivía en algún lugar de la zona tropical una raza de monos antropomorfos extraordinariamente desarrollada (quien Darwin nos ha dado una descripción aproximada de estos antepasados nuestros), Ellos estaban totalmente cubiertos de pelos, tenían barba, orejas puntiagudas, vivían en arboles y formaban manadas. Es de suponer que como consecuencia directa de su género de vida por en el que las manos al trepar tenían que desempeñar, funciones distintas a las de los pies, estos monos se fueron acostumbrando a prescindir de ellas al caminar por el suelo y empezaron a adoptar una posición cada vez mas erecta. Este fue el paso decisivo para la transito del mono al hombre.
Todos los monos antropomorfos que existen hoy en día pueden permanecer en posición erecta y caminar solo con sus pies; pero lo hacen en extrema necesidad y con mucha torpeza, casi siempre lo hacen semierectos y apoyándose con las manos, aun hoy podemos observar entre los monos todas las formas de transición entre la marcha a cuatro patas y la marcha en posición erecta. Pero para ninguno de ellos esta última ha pasado a ser un recurso circunstancial.
Las manos del mono actual sirven fundamentalmente para recoger y sostener alimentos, construir nidos en los arboles y tejadillos para defenderse del clima hostil. También les sirve para empuñar garrotes con los que se defienden de sus enemigos, o para bombardearlos con frutos y piedras. Pero a pesar del número y la disposición general de los huesos y de los músculos que son los mismos en el mono y en el hombre, la mano del humano más primitivo es capaz de ejecutar centenares de operaciones que no pueden ser realizadas por la mano de ningún mono.
Pero esta ha ido evolucionando con el tiempo. Luego la mano ya era libre y podía adquirir cada vez más destreza y habilidad; y esta mayor flexibilidad adquirida se transmitía por herencia y se acrecía de generación en generación: Pero la mano no es solo el órgano del trabajo; es también producto de él. Ya que únicamente por el trabajo, por la adaptación a nuevas funciones, por la transmisión hereditaria del perfeccionamiento especial adquirido, los músculos, los ligamentos y, en un periodo más largo también los huesos, se han ido renovando las habilidades heredadas a funciones nuevas y cada vez más complejas.
Pero la mano no era algo con existencia propia e independiente. Era únicamente un miembro de un organismo entero y sumamente complejo. Y lo que beneficiaba a la mano beneficiaba también a todo el cuerpo servido por ellas; y lo beneficiaba en dos aspectos.
Primeramente, en virtud de la ley que Darwin llamó de la correlación del crecimiento. Según esta ley, ciertas formas de las distintas partes de los seres orgánicos siempre están ligadas a determinadas formas de otras partes, que aparentemente no tienen ninguna relación con las primeras (como la pezuña hendida de ciertos mamíferos va ligada por regla general a la presencia de un estomago multilocular adaptado a la rumia).Las modificaciones experimentadas por ciertas formas provocan cambios en la forma de otras partes del organismo, sin que estemos en condiciones de explicar tal conexión. El perfeccionamiento gradual de la mano del hombre y la adaptación concomitante de los pies a la marcha en posición erecta repercutieron indudablemente, en virtud de dicha correlación sobre otras partes del organismo.
Luego los hombres en formación llegaron a un punto en que tuvieron la necesidad de decirse algo unos a otros. La necesidad creó el órgano: La laringe poco desarrollada del mono se fue transformando, lenta pero firmemente mediante modulaciones que producían a su vez modulaciones más perfectas, mientras los órganos de la boca aprendían poco a poco a pronunciar un sonido articulado tras otro.
Primero el trabajo, luego con él la palabra articulada, fueron los dos estímulos principales bajo cuya influencia el cerebro del mono se fue transformando gradualmente en cerebro humano, que a pesar de toda sus similitud, lo supera considerablemente en tamaño y en perfección, y a medida que se desarrollaba el cerebro, se desarrollaban también sus instrumentos más inmediatos: Los órganos de los sentidos. El sentido del tacto, que el mono posee a duras penas en la forma más tosca y primitiva, se ha ido desarrollando únicamente con el desarrollo de la propia mano del hombre, a través del trabajo.
El desarrollo del cerebro y de los sentidos a su servicio, la creciente claridad de conciencia, la capacidad de abstracción y de discernimiento cada vez mayores, reaccionaron a su vez sobre el trabajo y la palabra, estimulando más y más su desarrollo. Cuando el hombre se separa definitivamente del mono, este desarrollo no cesa ni mucho menos, sino que continúa, en distinto grado y en distintas direcciones entre los distintos pueblos y en las diferentes épocas, interrumpido incluso a veces por regresiones de carácter local o temporal, pero avanzando en su conjunto a grandes pasos, considerablemente impulsado y, a la vez, orientado en un sentido más preciso por un nuevo elemento. La sociedad.
Seguramente hubieron de pasar centenares de miles de años antes de que de que la sociedad humana surgiese de pequeñas manadas de monos que trepaban los arboles. Pero, al fin y al cabo, surgió: y lo que volvemos a encontrar como signo distintivo entre la manada de monos y la sociedad humana. Otra vez el Trabajo. La manada de monos se contentaba con devorar los alimentos de un área que determinaban las condiciones geográficas o la resistencia de las manadas vecinas. Trasladándose de un lugar a otro y entablaban luchas con otras manadas para conquistar nuevas zonas de alimentación; pero era incapaz de extraer de estas zonas más de lo que la naturaleza de buena forma le ofrecía, si exceptuamos la acción inconsciente de la manada, al abonar el suelo con sus excrementos. Cuando fueron ocupadas todas las zonas capaces de proporcionar alimento, el crecimiento de la población simiesca fue ya imposible; en el mejor de los casos el numero de su animales podía mantenerse al mismo nivel.
Pero todos los animales son unos grandes despilfarradores de alimentos ya que eran capaces de arrasar con todo el territorio de forma rapaz. No cabe duda que esta explotación rapaz contribuyó en alto grado a la humanización de nuestros antepasados, pues amplió el número de plantas y las partes de estas utilizadas en la alimentación. Ésta cada vez más variada, aportaba al organismo nuevas sustancias; con lo que fueron creadas las condiciones químicas para la transformación de estos monos en seres humanos. Pero todo esto no era trabajo en el verdadero sentido de la palabra. El trabajo comienza con la elaboración de instrumentos, estos eran usados para la caza y la pesca; los primeros utilizados también como riñas. Pero la caza y la pesca suponen el tránsito de la alimentación exclusivamente vegetal a la alimentación mixta, lo que significa un nuevo paso de suma importancia en la transformación del mono en hombre.
El consumo de carne ofreció al organismo, los ingredientes más esenciales para su metabolismo. Pero donde más se manifestó la influencia de la dieta cárnica fue en el cerebro, que recibió así en mucha mayor cantidad que antes las sustancias necesarias para su alimentación y desarrollo, con lo que su perfeccionamiento fue haciéndose mayor y mas rápido de generación en generación.
El consumo de carne en la alimentación significó dos nuevos avances de importancia decisiva: el uso del fuego y la domesticación de animales. El primero redujo aun más el proceso de la digestión, ya que permitía llevar a la boca comida como si dijéramos; medio digerido; el segundo multiplicó las reservas de carne, para obtenerla en forma más regular. La domesticación de animales también proporcionó, con la leche y sus derivados, un nuevo alimento, que en cuanto a composición era por los menos del mismo valor que la carne. Así, pues, estos dos adelantos se convirtieron directamente para el hombre en nuevos medios de emancipación.
El hombre. Que había aprendido a comer todo lo comestible, aprendió también, de la misma manera, a vivir en cualquier clima. Se extendió por toda la superficie habitable de la tierra, siendo el único animal capaz de hacerlo por propia iniciativa, el año se dividía en verano e invierno, creó nuevas necesidades, al obligar al hombre a buscar habitación y a cubrir su cuerpo para protegerse del frio y de la humedad. Así surgieron nuevas esferas de trabajo y, con ellas nuevas actividades, que fueron apartando más y más al hombre de los animales.
Gracias a la cooperación de la mano, de los órganos de la lengua y del cerebro, no solo en cada individuo, sino también en la sociedad, los hombres fueron aprendiendo a ejecutar operaciones cada vez más complicadas, a plantearse y a alcanzar objetivos cada vez más elevados. (El trabajo mismo se diversificaba y perfeccionaba de generación en generación extendiéndose cada vez a nuevas actividades). (A la caza y a la ganadería vino a sumarse la agricultura, y más tarde el hilado y el tejido; el trabajo de los metales, la alfarería y la navegación). Al lado del comercio y de los oficios aparecieron, finalmente, las artes y las ciencias; de las tribus salieron las naciones y los estados. Se desarrollaron el derecho y la política, y con ellos el reflejo fantástico de las cosas humanas en el cerebro del hombre: La religión.
Resumiendo: Lo único que pueden hacer los animales es utilizar la naturaleza exterior y modificarla por el mero hecho de su presencia en ella. El hombre, en cambio, modifica la naturaleza y la obliga así a servirlo, la domina. Y esta es, en última instancia, la diferencia esencial que existe entre el hombre y los demás animales, diferencia que, una vez más viene a ser efecto del trabajo.

2 comentarios:

Kalvoska dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Kalvoska dijo...

Un Pequeño resumen de esta gran Obra de Federico Engels